Las urnas los derrotaron, saber perder también es parte de la vida institucional

La elección del jueves 29 de octubre marcó un cambio histórico en el Club de Golf del Uruguay.

Matías de Freitas y la Lista 10 derrotaron al oficialismo por 543 votos contra 388, pusieron fin a ocho años de conducción del mismo sector -seis de ellos con Santiago “Tati” Fernández en la presidencia- y recibieron el respaldo de los socios para iniciar una nueva etapa en el CGU.

Sin embargo, lo que debía ser el comienzo de una transición institucional ordenada terminó convirtiéndose en un escenario de renuncias, acusaciones cruzadas y situaciones que merecen explicaciones.

Algunos acontecimientos posteriores encendieron una discusión que el club no necesita y que sus socios merecen ver resuelta con responsabilidad.

Antes de que el resultado se comunicara oficialmente a los socios, el gerente general, Martín de Castro, presentó su renuncia mediante una carta que envió por WhatsApp al grupo de la Comisión Directiva. (Se adjunta el documento).

Una decisión que sorprendió a muchos y generó malestar entre socios, especialmente por el momento elegido para comunicarla.

Para entender el contexto hay que retroceder a fines de 2025.

Diego de Freitas, hermano del presidente electo, había solicitado información a la Comisión Directiva que, según su planteo, le estaba siendo negada.

La situación derivó en un entredicho con el gerente general, Martín de Castro, quien también se negó a proporcionársela.

A raíz de ese conflicto, la Comisión Directiva resolvió suspender al socio, quien posteriormente recurrió la sanción ante el Ministerio de Educación y Cultura (MEC).

La documentación del organismo ministerial recomendó dejar sin efecto la sanción impuesta, eliminarla del legajo personal del socio y aplicar una multa de 15 Unidades Reajustables a la entidad deportiva por los incumplimientos detectados (se adjunta el documento del MEC).

Sin embargo, antes de dejar sus cargos, las autoridades salientes resolvieron apelar la decisión del MEC.

A ese antecedente se sumó otro episodio que involucró a Roque de Freitas, también hermano de Matías.

Durante la inauguración de la nueva tribuna Jorge “Toti” Sanguinetti (socio de la institución, rugbista y golfista), construida en el complejo de Mendoza, donde el Club de Golf del Uruguay desarrolla actividades de deportes colectivos vinculadas a la Comisión de Los Cuervos, se produjo un inconveniente relacionado con la estructura, que afortunadamente no tuvo consecuencias de gravedad.

El episodio motivó un intercambio de mensajes por WhatsApp entre Roque de Freitas y el gerente general, Martín de Castro.

En esos mensajes, De Freitas cuestionó irónicamente la situación y apuntó al seguro del complejo.

El comentario tenía un contexto particular, meses antes, de Freitas Seguros, empresa familiar, había sido apartada de la prestación de servicios como corredora de seguros del club, una tarea que había desempeñado durante más de 50 años.

A esto se suma otro dato, algunos socios manifestaron a este medio que el propio gerente general ya había anticipado que, si la Lista 10 ganaba las elecciones, presentaría su renuncia de manera inmediata.

Con estos antecedentes, la salida de De Castro tras el triunfo de Matías de Freitas difícilmente podía pasar inadvertida.

Para algunos fue una sorpresa, para otros, una decisión que ya se podía anticipar.

Lo cierto es que el gerente general decidió apartarse justo cuando se produjo el cambio de conducción.

Pero su salida dejó un episodio todavía más inquietante.

El viernes 30 de octubre, a la mañana siguiente de las elecciones y con el resultado ya definido, el presidente Matías de Freitas ordenó bloquear los accesos informáticos de Martín de Castro, luego de tomar conocimiento de que el gerente general había retirado de las instalaciones una notebook (computadora portátil) propiedad del CGU.

La transición de autoridades comenzaba así con un episodio que distaba mucho de ser habitual.

Dos días después, el domingo 1º de noviembre, según el informe del departamento de IT (Tecnología de la Información) del club, el disco de la computadora fue formateado.

Finalmente, el lunes 2 de noviembre, De Castro devolvió el equipo.

El informe del departamento de IT señaló que una parte importante de los archivos no pudo ser recuperada.

La pregunta ya no es solamente por qué un gerente general retiró una computadora propiedad del club al momento de abandonar su cargo.

También corresponde saber qué sucedió con los archivos almacenados en ese equipo, por qué se formateó el disco y qué parte de esa información pudo recuperarse.

¿Qué explicación existe para lo sucedido?

¿Había respaldos?

Porque una cosa es presentar una renuncia y otra muy distinta es que, en el proceso de salida, se formatee una computadora propiedad del club y una parte importante de sus archivos no pueda ser recuperada.

En medio de este escenario, el presidente Matías de Freitas también salió al cruce de las afirmaciones contenidas en la carta de renuncia de Martín de Castro, que incluían cuestionamientos sobre su actuación profesional y la de la empresa familiar.

En una comunicación dirigida a los socios y amigos del club, fechada el 30 de octubre, de Freitas rechazó categóricamente cualquier insinuación que pusiera en duda su integridad, su trayectoria profesional o la reputación de de Freitas Seguros. (Se adjunta el documento).

Después de estos acontecimientos y tras unos días de silencio, apareció un nuevo capítulo.

A través de LinkedIn, la red social orientada al ámbito profesional y empresarial, Martín de Castro difundió el jueves 5 de noviembre una carta de agradecimiento firmada por cuatro exdirectivos oficialistas: Santiago “Tati” Fernández, Pablo Bonti, Germán Pereira y Mariano Martínez.

En el documento, los cuatro expresaron su reconocimiento y respaldo a la gestión del ahora exgerente general.

Y aquí corresponde hacer una pausa.

Las autoridades salientes están en todo su derecho de expresar su reconocimiento a un funcionario por la labor realizada.

En este caso, lo hicieron mediante una carta dirigida al gerente general, quien posteriormente decidió darle difusión pública.

Sin embargo, el episodio plantea un interrogante institucional.

La primera publicación podía interpretarse como un pronunciamiento en nombre del Club de Golf del Uruguay (se adjunta el documento), pese a que los firmantes ya habían dejado sus respectivos cargos y los socios habían elegido una nueva conducción.

Posteriormente, De Castro retiró esa publicación y difundió otra versión, sin la referencia institucional al CGU.

La pregunta es inevitable: ¿en representación de quién se habla cuando ya no se tiene la responsabilidad de conducir?

Las elecciones terminaron.

Los socios hablaron en las urnas y lo hicieron con una diferencia de 155 votos.

No fue una victoria ajustada ni un resultado que pueda interpretarse como un simple accidente electoral.

Después de ocho años de oficialismo, seis de ellos con Santiago Fernández al frente de la presidencia, una mayoría decidió apostar por otra conducción.

Y también hay que saber leer ese mensaje.

Las gestiones tienen ciclos, los dirigentes acumulan desgaste y las instituciones necesitan renovarse.

Cuando una lista pierde, corresponde aceptar el resultado, ejercer la oposición desde el lugar que le asignaron los socios y trabajar para volver a convencerlos dentro de dos años.

No parece razonable que, después de dejar el poder, se generen nuevos focos de confrontación alrededor de decisiones que ahora corresponden a las autoridades electas.

Martín de Castro fue contratado para desempeñar una función y desarrolló su trabajo.

Si decidió renunciar ante el cambio de autoridades, es una decisión personal que debe respetarse.

Pero ningún gerente, presidente, secretario o tesorero es dueño de la institución.

Los cargos son transitorios y las responsabilidades institucionales están por encima de los nombres propios.

El Club de Golf del Uruguay ha tenido distintos presidentes, gerentes y comisiones directivas a lo largo de su historia.

Todos pasaron.

El club sigue en pie y deberá continuar mucho después de quienes hoy ocupan o dejaron de ocupar sus cargos.

Por eso, alimentar una confrontación pública después de una derrota electoral no parece el camino adecuado.

Mucho menos cuando el CGU necesita concentrar sus energías en una nueva etapa, con distintas generaciones de socios, nuevas demandas y una sociedad que cambia a un ritmo cada vez más acelerado.

Tampoco debe perderse de vista la responsabilidad que representa administrar una institución con el peso histórico y patrimonial del Club de Golf del Uruguay.

El club desarrolla sus actividades en un predio propiedad de la Intendencia de Montevideo, ubicado en uno de los lugares más privilegiados de la capital.

Esa condición exige una conducta institucional a la altura de la responsabilidad que implica gestionar un espacio de esas características.

No es momento de disputas personales ni de intentar prolongar una campaña electoral que ya terminó.

Ahora comienza el tiempo de Matías de Freitas y su Comisión Directiva.

Los socios que eligieron la Lista 10 esperan resultados, gestión y respuestas.

Los que votaron a la Lista 2628 también merecen ser representados y escuchados.

La nueva conducción tendrá que demostrar con hechos que está a la altura de la confianza recibida.

Y quienes dejaron sus cargos deberán comprender que la mejor manera de defender su gestión no es abrir nuevos frentes de conflicto, sino permitir que la institución continúe su camino.

En definitiva, el Club de Golf del Uruguay no pertenece a una lista, a una familia, a un presidente ni a un gerente.

Pertenece a sus socios y a una historia que merece respeto.

Las elecciones se ganan y se pierden.

Saber ganar es importante, pero saber perder también es parte de la vida institucional.

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