A casi dos meses de una nueva edición del Campeonato Sudamericano Copa Los Andes, el certamen por excelencia del golf por equipos de Sudamérica, la Asociación Uruguaya de Golf (AUG) oficializó los planteles que representarán a Uruguay en el Lima Golf Club, en Lima, Perú.
La AUG oficializó los planteles sin comunicación oficial a este medio.
Más allá de esa circunstancia, el foco debe estar puesto en lo deportivo y en el escenario que Uruguay afrontará en el Sudamericano.
Serán diez países en competencia y para Uruguay, la nueva edición de la Copa Los Andes presenta dos realidades bien diferentes.
Un equipo femenino que ha logrado sostenerse con regularidad en la máxima categoría y un equipo masculino que llega después de más de una década marcada por resultados que obligan a mirar mucho más allá de los nombres elegidos para este año.
Las damas y una continuidad que se sostiene
El golf femenino uruguayo llega a esta nueva edición con un presente que, al menos en resultados y continuidad, ofrece mejores señales.
Las últimas experiencias negativas habían sido los descensos en Quito, Ecuador, en 2015 y el último lugar obtenido en Bolivia, en 2017. Sin embargo, en aquella oportunidad el equipo no descendió debido a que Uruguay sería sede en la edición siguiente.
En 2018, jugando como local en el Club de Golf del Uruguay, las uruguayas protagonizaron un verdadero cambio, especialmente en actitud y los resultados acompañaron.
Aquel vicecampeonato significó un impulso importante para el golf femenino y marcó también un cambio en la manera de afrontar la competencia internacional.
Desde entonces han pasado seis ediciones de la Copa Los Andes y Uruguay consiguió mantenerse en la máxima categoría, enfrentando a selecciones con una estructura y un nivel competitivo considerablemente superiores.
Hubo equipos que, por nombres y condiciones individuales, podían aspirar a más. Sin embargo, en determinadas ediciones la conformación de las duplas y algunos partidos que terminaron escapándose condicionaron las posibilidades de Uruguay.
La regularidad, de todos modos, es un dato que no puede dejarse de lado.
Las uruguayas han conseguido competir, ganar partidos y sostenerse frente a las principales potencias del continente.
Ahora llega una nueva etapa en la conducción.
María Victoria Bargo asumirá la capitanía, tomando el lugar que durante varias ediciones ocupó Daniel Angenscheidt.
El plantel estará integrado por Lousiane Gauthier, quien regresa después de su etapa de estudios en Estados Unidos y llega con una menor cantidad de competencia que en otros años anteriores.
Jimena Marqués, jugadora de experiencia, pero también con poca actividad competitiva en el último período.
Carolina Mailhos, una de las jugadoras de mayor proyección por su joven edad y experiencia internacional, que este año todavía no ha encontrado su mejor versión.
María Paz Marqués, que vuelve al equipo después de haber tenido un papel determinante en 2024, cuando empató su partido frente a María Salinas, de Perú, resultado que permitió a Uruguay evitar el descenso. Además en este 2026 se consagró campeona Nacional match play.
Chloé Stevenazzi, quien ha integrado el equipo de Copa Los Andes y llega con el desafío de recuperar su mejor rendimiento ya que sus últimos años no ha tenido buenos resultados.
Es un equipo con condiciones. Sí.
¿Puede y debe rendir más? También.
Pero este año el margen de error será reducido.
Bolivia, rival directo en la lucha por permanecer en la categoría, no descenderá en esta edición por ser sede de la Copa Los Andes 2027.
Ese detalle modifica el escenario y hace todavía más exigente la pelea por permanecer entre las mejores selecciones del continente.
Los caballeros y una década que obliga a mirar hacia atrás
La situación del equipo masculino es diferente y bastante más preocupante.
Para entenderla no alcanza con mirar la lista de jugadores que viajará a Lima.
Hay que mirar hacia atrás.
El golf masculino uruguayo viene arrastrando desde hace más de una década una sucesión de resultados negativos en la Copa Los Andes, sin que se haya podido consolidar un proceso de trabajo capaz de revertir esa tendencia.
El punto de inflexión fue 2013, cuando Uruguay descendió por primera vez. Aquella edición estuvo además marcada por la renuncia de jugadores durante el proceso de clasificación para el Sudamericano, en un episodio que terminó generando una fuerte crisis institucional durante la presidencia de Fernando Etcheverry.
Después de aquel descenso y con otros dirigentes, llegó una recuperación en Lima 2016, donde Uruguay consiguió el sexto puesto en una edición disputada con un formato reducido.
Dos años más tarde, jugando como local en el Club de Golf del Uruguay, llegó el octavo lugar.
En Paraguay 2019, Uruguay terminó último, en una edición marcada además por las diferencias entre dirigentes, capitán, entrenador y jugadores.
Después de la pandemia, los caballeros regresaron a la competencia en Brasil 2022.
El resultado volvió a ser el mismo, Uruguay terminó en el último lugar.
Llegó Argentina 2024, cruzando el Río de la Plata y Uruguay volvió a terminar último. Pero aquella actuación dejó además un dato especialmente duro, el equipo terminó con apenas nueve puntos chicos acumulados en toda la competencia.
La rama masculina no logró consolidar, bajo las sucesivas conducciones de la Asociación Uruguaya de Golf (Pablo Faget primero y Federico Armas después), un proceso capaz de revertir de manera sostenida esa tendencia.
Ahora llega 2026 y después de más de una década de resultados irregulares y retrocesos, vuelve a aparecer la misma pregunta, ¿se puede pretender revertir en apenas dos meses una situación que lleva tantos años?
De las cinco ediciones disputadas en esta década, Uruguay participó solamente en dos.
La falta de continuidad competitiva en el máximo nivel del continente vuelve a ser parte del problema.
El equipo para Lima
La Asociación Uruguaya de Golf designó para esta edición a Mateo Quiroga, uno de los jugadores sobre los que mayores expectativas existen dentro del plantel y que hará su debut en la Copa Los Andes.
Nicholas Teuten afrontará una nueva participación en la competencia, después de varias experiencias anteriores en las que Uruguay no consiguió resultados positivos.
Juan Cruz Esmoris volverá a representar a Uruguay después de haber participado en Brasil 2022 y Argentina 2024. Los resultados colectivos de aquellas dos ediciones terminaron en descensos, pero Esmoris llega ahora con mayor experiencia internacional y será uno de los jugadores sobre los que el equipo depositará buena parte de sus expectativas.
Juan Pedro Altamirano, una elección que responde también a la confianza del coach, estuvo presente en Brasil y Argentina y tendrá una nueva oportunidad en una competencia que exige una preparación muy diferente. Sus resultados anteriores no han sido optimistas.
Completa el equipo Agustín Pizzorno, quien regresa de su etapa de estudios en Estados Unidos y actualmente está radicado en Rivera. Será, al igual que Quiroga, debutante en la Copa Los Andes.
Federico Levinsky será el capitán, mientras que Alvaro Canessa continuará al frente de la preparación técnica de los equipos, como ocurrió en 2022 y 2024.
Los jugadores están realizado entrenamientos de cara a la competencia.
Pero la pregunta vuelve a aparecer, ¿alcanza con unas semanas de preparación para competir contra países que vienen desarrollando procesos específicos durante años?
Ahí está el verdadero desafío.
Cuando los jugadores también toman distancia
Hay otro aspecto que tampoco debería quedar fuera del análisis.
La decisión de algunos de los jugadores uruguayos más destacados de no priorizar la Copa Los Andes y enfocar buena parte de su preparación en el Latin America Amateur Championship (LAAC) también forma parte del escenario que Uruguay deberá afrontar.
En un deporte tan individual como el golf, donde cada jugador construye su propia carrera y sus propios objetivos, las decisiones personales tienen un peso indiscutible.
Pero cuando se trata de representar a Uruguay, especialmente en un momento en el que el equipo masculino necesita de todos sus jugadores disponibles, también cabe preguntarse cuánto pesan el entorno, la organización y la relación con la dirigencia en esas decisiones.
En un deporte individual como el golf, ¿hasta qué punto los problemas de conducción, las dificultades organizativas o las experiencias negativas anteriores pueden terminar influyendo en la decisión de un jugador a la hora de elegir dónde poner sus prioridades?
Los episodios controvertidos y las dificultades organizativas de los últimos años no pueden ignorarse a la hora de analizar por qué algunos jugadores terminan tomando distancia de una competencia que históricamente debería representar uno de los principales objetivos del golf uruguayo.
No se trata de responsabilizar a los jugadores, sino de preguntarse qué está haciendo la dirigencia para generar las condiciones necesarias para que los jugadores más destacados quieran estar, competir y sentirse parte de un proyecto común.
También sería necesario preguntarse qué parte de todo lo que la dirigencia uruguaya conoce y observa en los grandes escenarios del golf internacional termina transformándose en trabajo concreto para el golf competitivo nacional.
Los dirigentes han tenido la posibilidad de estar presentes en algunos de los principales torneos del mundo y conocer de primera mano estructuras, metodologías y modelos de trabajo.
Nada de eso está mal.
La pregunta es cuánto de esas experiencias se traslada después a Uruguay para construir procesos capaces de preparar a nuestros jugadores para competencias como la Copa Los Andes.
Porque una cosa es estar presente en los grandes torneos del mundo y otra muy distinta es construir en Uruguay las condiciones para competir al más alto nivel del continente.
Mucho más que cinco jugadores
Uruguay llegará nuevamente a la Copa Los Andes con cinco jugadores y una responsabilidad enorme sobre sus hombros.
Pero el resultado de Lima no debería analizarse únicamente por lo que suceda durante esos días.
No alcanza con cambiar jugadores.
No alcanza con cambiar capitanes.
No alcanza con entrenar durante las semanas previas.
La Copa Los Andes exige un proceso.
Y el golf uruguayo masculino lleva demasiado tiempo sin encontrarlo.
Por eso, cualquiera sea el resultado en Lima, habrá que mirar más allá de la tabla final.
Si Uruguay logra mantenerse, será necesario saber qué se hizo bien.
Si vuelve a terminar último, habrá que explicar por qué.
El verdadero desafío excede a los cinco jugadores que estarán en cancha.
Lima dará el resultado.
El proceso, en cambio, seguirá siendo responsabilidad de quienes conducen el golf uruguayo.
Historial de copa Los Andes

