La Asociación Uruguaya de Golf (AUG) definió los representantes que competirán en la 13ª edición de los Juegos Odesur, certamen del ciclo olímpico que se disputará en setiembre en Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina.
Sin embargo, una vez más, el proceso de selección dejó más interrogantes que respuestas y volvió a poner en evidencia la falta de transparencia con la que viene actuando el órgano rector del golf uruguayo.
El reglamento elaborado por la anterior Comisión Directiva, que terminó condicionando a varios integrantes de la actual conducción, resultó tan confuso como incompleto.
Lejos de brindar certezas, abrió la puerta a interpretaciones y decisiones discrecionales.
La primera gran polémica surge con la designación de Juan Cruz Esmoris y Carolina Mailhos por ranking.
Los Juegos Odesur permiten la participación tanto de golfistas aficionados como profesionales.
Cada país procura llevar a sus mejores representantes para maximizar sus posibilidades de obtener medallas.
Por lo tanto, utilizar exclusivamente un ranking amateur para adjudicar un cupo significa excluir automáticamente a todos los jugadores del campo rentado, quienes por reglamento ni siquiera integran esa clasificación.
Resulta difícil comprender que un torneo del ciclo olímpico, en el que se compite por medallas y se admite la participación de profesionales, termine otorgando una plaza mediante un sistema del que esos mismos profesionales no pueden formar parte.
Más que un criterio estrictamente deportivo, el mecanismo termina restringiendo la igualdad de oportunidades entre quienes aspiran a representar al país.
Una clasificación para dos profesionales
Ante esa situación, la Asociación Uruguaya de Golf realizó una clasificación a 36 hoyos entre los profesionales Juan Alvarez y Diego Martín Pérez para definir el único lugar disponible.
La serie fue muy pareja, aunque se desarrolló sobre los greens aireados del Club de Golf del Uruguay.
Los greens recién aireados modifican sensiblemente las condiciones normales de juego y afectan una parte decisiva del rendimiento, por lo que resulta difícil justificar que una clasificación para integrar una selección nacional se dispute en esas condiciones, más aún cuando se trata de una competencia correspondiente al ciclo olímpico.
Llevado al fútbol, sería como disputar una clasificación para cualquier certamen internacional en el Estadio Centenario con el césped sin cortar.
Las condiciones dejan de ser las habituales y el rendimiento de los deportistas inevitablemente se ve condicionado.
Sin embargo, ya casi nada sorprende.
Así entiende la Asociación Uruguaya de Golf la preparación de sus deportistas de alto rendimiento.
Finalmente, Juan Alvarez se quedó con la plaza para los Odesur tras totalizar 145 golpes, uno bajo par, con rondas de 76 y 69 impactos, mientras que Diego Martín Pérez finalizó con 149 golpes (77+72).
Alvarez acompañará a Esmoris, quien obtuvo su lugar gracias a un reglamento que dejó al descubierto las enormes falencias de la anterior gestión de la AUG.
Ya sea por una deficiente redacción o porque su alcance terminó favoreciendo determinados escenarios, el resultado fue un proceso cuestionado y alejado del principio de igualdad deportiva.
En damas tampoco hubo claridad
La rama femenina tampoco escapó a las controversias.
La Asociación Uruguaya de Golf realizó una preselección cuyos criterios nunca quedaron del todo claros y organizó una clasificación cerrada, dejando afuera a jugadoras que, por presente deportivo, tenían méritos suficientes para competir.
El caso más llamativo fue el de María Paz Marqués, reciente campeona nacional de Match Play, título conseguido tras vencer a Jimena Marqués en semifinales y a Lousiane Gauthier en la final.
A pesar de ese logro, la AUG no la habilitó para disputar la clasificación.
En cambio, sí participaron Chloé Stevenazzi y Priscila Almeida, dos jugadoras que en la presente temporada no mostraban resultados que justificaran claramente su inclusión por encima de otras golfistas.
Con Carolina Mailhos ya clasificada por ranking, Jimena Marqués, Lousiane Gauthier, Priscila Almeida y Chloé Stevenazzi disputaron el segundo cupo.
La primera vuelta, jugada en el Club de Golf del Uruguay, dejó a Jimena Marqués al frente con 77 golpes, seguida por Gauthier y Almeida, ambas con 81, mientras que Stevenazzi hizo 82.
La ronda decisiva se disputó en La Tahona Golf Club, nuevamente sobre greens aireados.
Gauthier firmó una sobresaliente tarjeta de 71 golpes, Almeida hizo 73, Stevenazzi 74 y Jimena Marqués 75.
Con esos resultados, Gauthier y Marqués igualaron la primera posición con 152 golpes, seguidas por Almeida con 154 y Stevenazzi con 156.
Como si todo lo anterior fuera poco, el reglamento tampoco establecía con precisión cómo debía resolverse un eventual empate.
Hubo consultas, llamados telefónicos y dudas antes de definir el procedimiento. Cuando inicialmente se analizaba disputar el playoff en el hoyo 18, finalmente las jugadoras fueron enviadas al tee del hoyo 1.
Un detalle menor en apariencia, pero que refleja el nivel de improvisación con el que se manejó toda la clasificación.
El desempate duró apenas un hoyo.
Jimena Marqués hizo par, mientras que Lousiane Gauthier cometió bogey, asegurando así el segundo cupo para los Odesur.
Una contradicción difícil de explicar
Esta semana, Jimena Marqués y Lousiane Gauthier viajarán a disputar el Abierto de Brasil, en Curitiba.
Llama la atención que la Asociación Uruguaya de Golf no haya respaldado la participación de la jugadora finalmente seleccionada para representar al país en los Juegos Odesur en uno de los torneos amateurs más importantes del continente.
Se trata de una competencia de altísimo nivel, con un field de jerarquía, que hubiera representado una preparación ideal para un evento del ciclo olímpico.
La decisión constituye otra contradicción dentro de un proceso que volvió a dejar la sensación de que las decisiones más importantes continúan tomándose sin la planificación, la previsibilidad y la transparencia que merece el golf uruguayo.
El rol del Comité Olímpico Uruguayo
Durante la elaboración de esta nota conversamos con el presidente del Comité Olímpico Uruguayo, Fernando Ucha, con quien intercambiamos distintos puntos de vista sobre el deporte uruguayo y en particular, sobre el golf.
Ucha explicó que uno de los principales objetivos del COU es que Uruguay cuente con deportistas preparados para competir al máximo nivel, priorizando el entrenamiento y el desarrollo deportivo como el camino para alcanzar resultados y eventualmente, medallas.
Precisamente porque ese es el espíritu del movimiento olímpico, cuando en un proceso de clasificación para un evento del ciclo olímpico surgen dudas sobre la transparencia, la igualdad de oportunidades y el cumplimiento del reglamento, el debate ya no alcanza únicamente a la Asociación Uruguaya de Golf.
También corresponde preguntarse cuál fue el grado de seguimiento institucional que tuvo el Comité Olímpico Uruguayo sobre este proceso y si tomó conocimiento del reglamento bajo el cual se definieron los representantes nacionales.
Como máxima autoridad del movimiento olímpico uruguayo, el COU está llamado a promover que las federaciones y asociaciones afiliadas desarrollen procedimientos claros, objetivos y equitativos.
Porque la discusión ya no pasa por quién obtuvo las plazas para los Juegos Odesur.
El verdadero debate es si Uruguay puede permitirse que la representación del país en un evento del ciclo olímpico quede condicionada por reglamentos ambiguos, criterios nunca explicados y decisiones que continúan generando más preguntas que respuestas.
Cuando una clasificación termina siendo más discutida que los propios clasificados, el problema deja de ser de los deportistas.
El problema pasa a ser del sistema.

