El pasado fin de semana se disputó en el Club de Golf del Cerro el máximo campeonato de la institución, el Abierto de la República Oriental del Uruguay, Copa Agustín Leindekar.
Agustín Leindekar fue mucho más que un dirigente del club, fue un apasionado del golf y, sobre todo, un hombre de bien.
Un verdadero caballero, de palabra, de los que hoy casi no quedan en la dirigencia y que siempre se destacó por sus valores.
Un torneo que supo estar entre los cinco más importantes del calendario nacional y que hoy intenta resurgir desde otro lugar, muy lejos de aquel brillo de más de dos décadas atrás.
Su realización, en las condiciones actuales, rozó lo milagroso, gracias al fuerte respaldo económico, logístico y operativo del Club de Golf del Uruguay y de la Asociación Uruguaya de Golf, que aportaron maquinaria, personal y recursos para presentar la cancha de manera digna.
Sin ese apoyo sostenido, difícilmente el evento hubiera sido posible.
Porque la realidad es clara, el Club de Golf del Cerro arrastra desde hace más de quince años serias dificultades para sostenerse por sí mismo, dependiendo en gran medida del respaldo externo para poder seguir en pie.
En caballeros, el certamen se jugó a 36 hoyos y, en la categoría scratch, el campeón fue Nicholas Teuten con 155 golpes, 9 sobre par, rondas de 79 y 76.
La segunda posición correspondió a Gregor Schmid con 157 impactos (80+77).
En 1ª categoría, Brian Martínez (hcp 5.6) se quedó con la victoria con 157 golpes (81+76), seguido por Carlos Aliseris (hcp 3.9) con 163 (85+78).
La 2ª categoría fue para Diego Requena (hcp 13.1), quien totalizó 154 golpes (76+78), mientras que Marcelo Delgado (hcp 13.3) finalizó segundo con 155 (79+76).
En 3ª categoría, Santiago Zubiri (hcp 22.5) se impuso con 150 golpes (72+78), con Juan Miguel Straumann (hcp 21.6) en el segundo lugar con 153 (82+71).
La 4ª categoría quedó en manos de Matías Vilaró (hcp 29.6) con 149 golpes (77+72), seguido muy de cerca por Brian Díaz (hcp 40.1) con 150 (74+76).
En damas, Nadia Alexandrovicius (hcp 11.3) se adjudicó el título con 156 golpes (84+72), mientras que Carla Fabini de Schmid (hcp 8.2) finalizó en la segunda posición con 178 (90+88).
Más allá de los resultados deportivos, el torneo deja una lectura inevitable.
Se sostiene más por voluntad y apoyo externo que por estructura propia.
Y eso, para un campeonato que supo ser referencia del golf uruguayo, no deja de ser una señal tan clara como preocupante.
¿Resurge con un fideicomiso?
La Asociación Uruguaya de Golf (AUG) impulsa la creación de un fideicomiso junto al Club de Golf del Cerro, la Intendencia de Montevideo y la Secretaría Nacional de Deportes, con la intención de sumar también capitales privados.
En lo conceptual, la iniciativa es buena, apunta a ordenar, invertir y recuperar una cancha histórica con gran potencial.
Pero hoy está lejos de ser una realidad.
Suena más a intención que a plan.
La propia interna de la AUG, atravesada por un proceso electoral pendiente, le quita sustento inmediato a cualquier proyecto de este calibre.
A eso se suma otro frente abierto, el “Mesías” driving range, presentado como prioritario (del otro lado de la ciudad), pero que aún no cuenta con financiamiento concreto.
En ese escenario, muchas expectativas quedarían depositadas en el llamado “hombre del dinero”, vinculado a un mecenazgo cercano a los US$ 200 mil anuales, que podría destinarse para ambos proyectos.
Sin embargo, por ahora todo sigue en el terreno de las hipótesis.
Y ahí aparece el problema de fondo.
Todo es atractivo en el discurso, fideicomisos, inversión público-privada, desarrollo.
Pero en los hechos no hay obras, no hay recursos asegurados ni avances visibles.
La sensación no es nueva.
Se repiten los anuncios, se instalan proyectos en momentos clave y se generan expectativas que después no se concretan.
Mientras tanto, algunos dirigentes mantienen sus privilegios, incluyendo la presencia en los grandes torneos internacionales -como The Masters, The Open Championship y The Players Championship-, pero el desarrollo real sigue esperando.
Porque al final, lo que queda es eso, promesas incumplidas, frustración para muchos y conformismo para otros.
Y así, el golf uruguayo sigue atrapado entre lo que se dice y lo que nunca termina de hacerse.
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