El Abierto Sudamericano expuso la verdadera realidad del golf uruguayo

La semana pasada se disputó en Nordelta Golf Club, Buenos Aires, Argentina, la 20ª edición del Abierto Sudamericano Amateur, torneo organizado por la Federación Sudamericana de Golf (FSG), la Asociación Argentina de Golf (AAG) y con el apoyo económico de The R&A.

Uruguay presentó una nutrida delegación de ocho jugadores, varios de los cuales debieron costearse de su propio bolsillo el pasaje para poder competir.

Una decisión que no es casual, sino consecuencia directa de la política adoptada por las autoridades de la Asociación Uruguaya de Golf (AUG).

La realidad deportiva fue contundente, al término de los primeros 18 hoyos, ninguno de los representantes uruguayos tenía posibilidades reales de competir.

En un torneo de 72 hoyos, quedar fuera de carrera desde el primer día no es mala suerte, es diagnóstico.

El golf uruguayo está cada vez más hundido en términos de desarrollo y alta competencia, producto de un plan mediocre diseñado por un grupo de dirigentes que hace años ocupan y rotan el órgano rector sin mostrar resultados.

Mientras esto ocurre en el campo de juego, Federico Armas, presidente de la Asociación Uruguaya de Golf, insiste en un discurso desconectado de la realidad.

En Golf Channel afirmó que Mark Lawrie, Managing Director de The R&A para Latinoamérica, es el “padrino” del golf uruguayo.

Algunas semanas después, en el Jockey Club (Argentina), sostuvo que la Asociación Argentina de Golf también cumple ese rol.

El concepto de “padrino”, según explica el propio Armas, refiere a una supuesta ayuda al golf uruguayo.

Sin embargo, la realidad es muy distinto, esa ayuda no se ve, no se traduce en desarrollo, no impacta en resultados y no aparece cuando los jugadores la necesitan.

Nadie ayuda realmente al golf uruguayo, más allá de gestos protocolares, discursos bienintencionados y fotos de compromiso.

Llamar “padrinos” a quienes no generan mejoras reales es, como mínimo, una exageración peligrosa. Porque instala la idea de respaldo y contención cuando en los hechos Uruguay compite solo, sin estructura, sin planificación y con jugadores que incluso deben pagarse sus propios pasajes para representar al país.

Nadie serio construye un proyecto deportivo sobre supuestos padrinazgos.

Los países que hoy crecen lo hacen con trabajo interno, inversión, capacitación y autocrítica.

Justamente todo lo que falta en la conducción actual de la Asociación Uruguaya de Golf.

En el plano deportivo, como ya se señaló, tras los primeros 18 hoyos ningún uruguayo quedó con chances en un field de 75 jugadores.

En caballeros, el mejor ubicado fue Juan Cruz Esmoris, quien finalizó en la posición 49 con 307 golpes, 19 sobre par, rondas de 82, 77, 76 y 72 impactos.

Juan Pedro Altamirano terminó en el puesto 57 con 319 golpes (82+79+76+82).

Marcos Córdoba, juvenil por el que apostó Marcelo Esmoris -dirigente de la AUG que no continuaría a partir de febrero por discrepancias internas-, no tuvo una buena actuación.

Residente en República Dominicana e hijo del profesional uruguayo Cledy Córdoba, cerró en el lugar 66 con 328 golpes, 40 sobre par, rondas de 80, 80, 79 y 89.

Aparicio López tampoco estuvo a la altura y concluyó en la colocación 69 con 331 golpes (88+83+77+83).

El campeón fue el ecuatoriano Felipe Garcés, con 277 golpes, 11 bajo par, rondas de 69, 67, 74 y 67 impactos.

Garcés ganó dos de los últimos tres Abiertos Sudamericanos.

En damas, todas las expectativas estaban puestas en Lousiane Gauthier.

La uruguaya, de gran nivel, llegaba tras un parate por vacaciones de verano, sin competencia previa y eso se sintió.

El primer día la dejó sin opciones al título, pese a que luego demostró que está a la altura de las mejores del field.

Gauthier finalizó en el lugar 18 con 300 golpes, 12 sobre par, rondas de 81, 74, 72 y 73. Su primera jornada la sacó del torneo, después mostró su verdadero nivel.

Deberá ajustar su planificación si pretende meterse entre las top ten en futuros torneos internacionales.

El field femenino contó con 66 jugadoras.

Chloé Stevenazzi tuvo un rendimiento muy bajo, preocupante de cara a la temporada 2026.

Finalizó en el lugar 57 con 329 golpes, 41 sobre par, rondas de 84, 86, 82 y 77.
No fue el arranque deseado y la jugadora de The University of Tennessee at Chattanooga (UTC) deberá hacer muchos cambios si quiere mantenerse en el equipo que compite en los exigentes torneos de la NCAA División I.

Para el nivel mediocre del golf uruguayo le alcanza y sobra para estar entre las cinco mejores y asegurarse un lugar en la Copa Los Andes 2026, que se jugará en noviembre en Lima Golf Club, Perú.

Ana Evora terminó en la posición 64 con una actuación que no estuvo a la altura del torneo, fue 358 golpes, 70 sobre par, rondas de 90, 91, 94 y 83.

Priscilla Almeida fue descalificada por anotar incorrectamente un hoyo en su tarjeta. Por suerte, minutos después se autodenunció, quedando fuera del torneo.

Este tipo de errores no es nuevo en el golf uruguayo.

La AUG volvió a insistir con Alvaro Canessa como coach.

Tras un ciclo anterior como entrenador principal marcado por malos resultados, su contrato no fue renovado.

Sin embargo, volvió a aparecer en el mismo rol y el desenlace fue idéntico, los resultados siguieron siendo malos.

La repetición de decisiones fallidas confirma la falta de autocrítica y de un proyecto serio en la conducción deportiva.

La campeona fue la peruana Luisamariana Mesones, quien jugó un golf de excelencia, demostrando que cuando el trabajo es serio y la capacitación es clara, los resultados llegan.

Ganó con 280 golpes, 8 bajo par, rondas de 73, 70, 69 y 68 impactos.

No fue fácil, Emily Odwin la igualó con vueltas de 71, 69, 70 y 70, forzando un desempate cargado de emoción, donde Mesones se consagró como la gran figura del golf peruano.

El Abierto Sudamericano volvió a reflejar la verdadera realidad del golf uruguayo.

Ese mismo que su presidente dice tener “padrinos”, cuando en los hechos no existen ni existirán.

Lo que hace falta no son discursos en cócteles a los que se asiste por cortesía, sino trabajo serio, planificación y gestión, como han hecho todos los países de la región menos Uruguay.

Los resultados hablan por sí solos.

La dirigencia prefiere abrir la boca antes que ponerse a trabajar, mientras espera al “mesías” del Driving Range Público como solución mágica.

Con ese relato, Federico Armas se aseguró la reelección al frente de la Asociación Uruguaya de Golf.

La vergüenza, una vez más, termina cayendo sobre los jugadores, que año tras año exponen fuera de fronteras el verdadero nivel del golf uruguayo.

Resultados

Federación Sudamericana de Golf | by Plus+Golf

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