Las luces del salón Long Drive del Club de Golf del Uruguay brillaban impecables.
Mesas cuidadosamente dispuestas, discursos solemnes y aplausos medidos marcaron la noche del lunes durante la celebración de los 75 años de la Asociación Uruguaya de Golf (AUG), fundada el 3 de mayo de 1950.
El gran invitado prometido era Mark Lawrie, Managing Director de The R&A para Latinoamérica y el Caribe, pero se excusó por compromisos previos. En su lugar asistió Andrés Schönbaum, Gerente de desarrollo regional para América Latina y el Caribe, The R&A.
También estuvo Pablo Lozada, presidente de la Asociación Argentina de Golf (AAG).
Nada fuera de libreto para la casta.
La gala incluyó discursos, aplausos y menciones a algunos jugadores que marcaron la historia.
También se realizaron charlas distendidas con golfistas históricos.
Mientras adentro se hablaba de futuro con copas en alto, afuera la realidad es mucho menos elegante.
Bajo la conducción de Federico Armas (presidente), junto a Alejandro Rivero (tesorero), Víctor García Paullier (secretario honorario), los vocales Marcelo Esmoris y Agustín Leindekar, y los suplentes María José Moreira y Leonardo Saucedo, la Asociación Uruguaya de Golf parece más interesada en proteger sus privilegios que en levantar al golf uruguayo de su peor momento.
Los resultados deportivos son elocuentes.
Uruguay atraviesa uno de los peores momentos de su historia, tanto en mayores como en juveniles y prejuveniles.
No hay autocrítica, ni plan serio a futuro, ni mucho menos resultados.
Pero eso sí, hay brindis, saco blanco y protagonismo.
El financiamiento de estos festejos no cae del cielo.
La mayor parte de esos fondos corre por cuenta de los golfistas de a pie, los que realmente sostienen a la Asociación con el pago anual del hándicap nacional, mientras las autoridades parecen incapaces de administrar esos recursos con eficacia.
El Club de Golf del Uruguay cedió el salón Long Drive sin costo a la Asociación Uruguaya de Golf, aunque el verdadero costo lo asumieron los socios quienes mes a mes sostienen la institución.
La ignorancia que marca al golf uruguayo
La Asociación Uruguaya de Golf ha mostrado una ignorancia evidente, aunque ya no sorprende.
Olvidó -o prefirió no mencionar- a varios jugadores que le dieron grandes triunfos a nuestro deporte y cuyo legado permanece vivo en clubes internacionales, ya sea a través de nombres inmortalizados, imágenes, revistas o diarios impresos o medios digitales.
Durante la gala, solo se destacaron figuras como Francisco Etcheverry Ferber, Miguel Reyes y María García Austt, mientras que otros grandes campeones entre otros como Alvaro Canessa, Juan Ignacio Lizarralde, Diego Martín Pérez, Juan Alvarez o la propia Lousiane Gauthier quedaron prácticamente olvidados.
Fay Crocker, doble campeona de Major y figura histórica del golf uruguayo, cuya memoria debería ser un referente ineludible también fue descartada.
La historia debe contarse completa, sin inclinaciones ni omisiones.
Ahí es donde la ignorancia se hace evidente, subestimando además la inteligencia de los golfistas de a pie.
El deportista merece respeto y reconocimiento.
Sin embargo, en el golf uruguayo, los dirigentes parecen más preocupados por preservar privilegios dentro de la casta que por defender y promover el deporte.
La falta de respeto hacia los verdaderos protagonistas -los jugadores que tanto han sacrificado para poner a Uruguay en lo más alto- resulta, sencillamente, inadmisible.


Obsequio que se entregó a los 75 invitados.

