El VAR del golf desnuda lo que nadie quiere ver

Una vez más, el golf uruguayo quedó expuesto por hechos de trampa que ya no sorprenden, pero sí indignan.

El Club de Golf del Uruguay (CGU) cuenta con un avanzado sistema de cámaras de seguridad instalado originalmente para la vigilancia perimetral del Parque de las Instrucciones del Año XIII.

Hoy cumple una función inesperada en el golf, ese mismo recurso, similar al “VAR” en el fútbol, el “TMO” en el rugby o el “Video Ref” en el hockey.

Las grabaciones del CGU -y de otros clubes que ya comenzaron a incorporar sistemas de videovigilancia similares- evidenciaron la reiteración de conductas irregulares.

No hablamos de hechos aislados, sino de una cadena de irregularidades que las autoridades siguen sin enfrentar con decisión, poniendo en riesgo la credibilidad de un deporte que deberían proteger.

En esta ocasión, una jugadora principiante y un golfista de bajo hándicap salieron a “marcar tarjeta” para intentar obtener el hándicap nacional que otorga la Asociación Uruguaya de Golf (AUG).

La normativa establece, entre otros requisitos, la obligación de presentar varias rondas con tarjetas debidamente firmadas por el jugador y avaladas por un marcador que certifique el resultado.

Ese día, uno de los marshalls del club detectó que la jugadora era favorecida por su propio marcador durante la vuelta.

Al entregar la tarjeta, la revisión de las cámaras fue contundente: las imágenes confirmaron múltiples infracciones.

Martín Wells, capitán de la institución, elaboró un informe y fue elevado a la Comisión Directiva, que aplicó la sanción, resolviendo suspender tanto a la jugadora como a su marcador.

Dialogamos con la AUG, que confirmó haber sido notificada y conocer los hechos, y aseguró haber mantenido conversaciones con el CGU sobre este caso.

Buengolftour.com conversó con uno de los involucrados y reconoció lo sucedido y pidió disculpas a la institución mediante una nota formal.

La disparidad en los criterios es difícil de justificar

En esta ocasión, el Club de Golf del Uruguay utilizó de manera correcta los recursos a su alcance.

Las cámaras de seguridad sirvieron como prueba contundente para confirmar las irregularidades y sirvió para aplicar una sanción.

Sin embargo, el contraste es inevitable, hace unos meses, otro episodio igualmente evidente y registrado por las cámaras terminó con un desenlace muy distinto.

La Comisión Directiva no sancionó a dos golfistas ni a sus marcadores y el órgano rector del golf uruguayo tampoco tomó medidas.

En esa oportunidad, se resolvió descalificar a los jugadores por un “error en la anotación” de su tarjeta (scorecard) justo en el último hoyo, que definía el triunfo a su favor y un premio internacional con un viaje a España.

Mientras algunos casos reciben sanciones hasta ejemplares, otros se resuelven sin consecuencias disciplinarias.

Esa diferencia abre dudas legítimas sobre la transparencia de las decisiones y deja en evidencia que no todos los jugadores son medidos con la misma vara.

En el golf uruguayo, violar las reglas no solo es posible, sino que en muchos casos se ha vuelto algo casi cotidiano y tolerado.

Una advertencia que golpea la honestidad del deporte y amenaza su porvenir.

Con esa práctica, no solo se desvirtúa la esencia del golf, sino que se pisotea el legado que la The R&A y la USGA construyeron durante siglos para darle orden, prestigio y credibilidad al deporte.

Lo que debería ser el punto de partida para formar golfistas responsables y respetuosos de la tradición, aquí se transforma en una distorsión vergonzosa que degrada al deporte.

Principiantes atrapados por la arbitrariedad y discriminación en el CGU

Mientras otros clubes aplican un manual claro y objetivo para otorgar el hándicap nacional, en el Club de Golf del Uruguay la situación es confusa y arbitraria.

Golfistas principiantes, con derecho a competir en su categoría, quedan atrapados en un “limbo”.

Desde la secretaría de golf les informan que, por su nivel, no pueden participar en los torneos correspondientes.

No hay reglamentos ni criterios claros; todo se maneja con improvisación.

Quienes comienzan a jugar y conocen las reglas, pero no alcanzan el nivel golfistico exigido para obtener hándicap, quedan excluidos.

Hoy, en Punta Carretas, un grupo de socias no puede participar en torneos de principiantes porque superan el nivel.

Fueron excluidas sin un reglamento escrito y tampoco pueden competir porque no tienen hándicap.
Se trata de un caso de discriminación que afecta especialmente a mujeres y personas mayores, que buscan en el deporte una actividad recreativa, saludable y de integración.

La situación evidencia la falta de transparencia y profesionalismo en la administración del club, que debería ser un modelo de gestión y respeto por las reglas.

La improvisación y los caprichos personales comprometen la experiencia de los socios y cuestionan la integridad de la institución.

Las verdades que nadie se atreve a decir

Es un secreto a voces que trasciende fronteras.

Tras consultar con autoridades, dirigentes, golfistas y personas influyentes de este ambiente en más de 15 países de habla hispana, Estados Unidos y Europa, la conclusión es la misma: el golf está plagado de personas que violan las reglas de manera habitual.

Sí, se llama “trampa” y no hay forma de negarlo.

Este problema estructural erosiona la credibilidad del juego y perjudica a quienes lo practican con honestidad.

Hoy, los tramposos parecen superar en número a los jugadores íntegros.

Es hora de que los órganos que manejan el golf mundial actúen y equilibren la balanza a favor de los honestos, antes de que la impunidad convierta al deporte en un espectáculo de descontrol.

Se lo dijimos con seriedad y no la quisieron ver

El pasado 28 de mayo titulamos: “Adulterar el score no tiene castigo: la peligrosa señal del CGU”.

No era una exageración, era el anticipo de lo que tarde o temprano iba a suceder.

Las trampas continuaron y el pronóstico se cumplió.

En el golf, como en cualquier deporte, el jugador debe competir con honestidad, el dirigente hacer cumplir las reglas y el periodista informar.

Romper ese orden y culpar al periodismo por decir la verdad debilita el deporte, la libertad de expresión y la democracia.

Con la verdad, no ofendo ni temo.

Notas de interes

Las cámaras del CGU vuelven a delatar otra trampa – BUEN GOLF TOUR

Adulterar el score no tiene castigo: la peligrosa señal del CGU – BUEN GOLF TOUR

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