Una joya centenaria del golf uruguayo, entre el abandono, la desidia institucional y la complicidad silenciosa.
El Club de Golf del Cerro agoniza, mientras su historia arde entre cenizas y promesas vacías.
Hace apenas un mes, el Club de Golf del Cerro (CGC) celebró la Asamblea General Extraordinaria que marcó el inicio de una nueva etapa tras algunas irregularidades pasadas.
Allí se designó a la nueva Comisión Directiva para el período 2025 – 2027, encabezada por Italo Longo como presidente, Ruberlí Pereira como vicepresidente y Jorge Reymundo como secretario.
Completan el equipo Roberto García (tesorero) y los vocales Luis Núñez, Rusvelt Piaggio y Eduardo Pereira.
Sin embargo, más allá de los nuevos nombres, y otros repetidos, el panorama actual del club es poco alentador.
El Club de Golf del Cerro es hoy una institución a la deriva, sin infraestructura básica, sin planificación debido a los escasos recursos que cuenta y muy lejos del esplendor que supo tener durante las décadas de 1980, 90 y 2000.
La cancha presenta un estado de abandono alarmante, sin condiciones mínimas para recibir un torneo nacional, mucho menos uno internacional o con auspiciantes de renombre.
El club se ha transformado en un espacio inhóspito, sin seguridad ni propósito.
Solo queda el recuerdo flotando donde antes había historia, comunidad y orgullo.
Este deterioro contrasta con el valor paisajístico y patrimonial que encierra este campo centenario.
Ubicado en uno de los rincones más emblemáticos de Montevideo, el Club de Golf del Cerro ofrece vistas únicas al Río de la Plata y a la imponente Fortaleza General José Gervasio Artigas.
Rodeado de naturaleza, con su característico verde y sus ondulaciones naturales, este campo no solo fue testigo de grandes hazañas deportivas, sino también un refugio para vecinos, deportistas y visitantes que encontraban en él un espacio de belleza, serenidad y comunidad.
Durante décadas, el club fue sede de eventos de altísimo nivel que marcaron la historia del golf uruguayo.
Entre ellos, el Abierto de la República Oriental del Uruguay y el tradicional Calcutta, un torneo que reunía a golfistas de todo el país y que combinaba competencia con camaradería.
Estas jornadas no solo impulsaban el deporte, sino también el desarrollo social y económico de toda la zona.
Un daño provocado
Este deterioro no fue un accidente ni producto del paso del tiempo.
Lo que hoy vive el Club de Golf del Cerro es producto directo de años de negligencia, manejos turbios y complicidades institucionales.
Las responsabilidades están repartidas entre antiguas comisiones directivas y la Asociación Uruguaya de Golf (AUG) que, lejos de actuar como organismo regulador, se transformó en un cómplice silencioso de la decadencia.
Durante años, la AUG transfirió cientos de miles de pesos a Comisiones Directivas ilegítimas, sin control, sin auditoría y sin exigir el cumplimiento de los estatutos.
En lugar de fiscalizar, avalaron gestiones opacas, permitiendo que algunos se apropiaran del club como si fuera un botín personal, en busca de rédito político o económico.
El incendio que sentenció el fin
El episodio más trágico llegó en julio 2018, el más bochornoso y simbólico incendio de la sede social.
Aunque oficialmente se habló de un cortocircuito, lo cierto es que no existía protocolo alguno de mantenimiento ni control eléctrico, siendo una sede toda de madera centenaria.
Una estufa a leña mal apagada en una noche de invierno fue suficiente para reducir a cenizas un siglo de historia: trofeos, fotografías, documentos y la memoria material de la institución desaparecieron sin que existiera un seguro ni una respuesta institucional seria.
Las imágenes de Roque Gastón Máspoli jugando al golf y trofeos de principios del siglo XX quedaron fundidos entre las llamas.
Solo quedaron cenizas.
Los directivos de aquel entonces, los responsables de tener un club con los seguros pagos simplemente desaparecieron sin dar explicaciones, o incluso fueron recibidos en otras instituciones como si nada hubiera ocurrido.
El desastre estaba hecho, desde entonces, el Club de Golf del Cerro sobrevive en estado de muerte institucional: sin recursos, sin proyecto y sin apoyo real.
Ayuda municipal frustrada
En 2022 y 2023, la Intendencia de Montevideo destinó $1.000.000 anuales (unos U$S 25.000) al Club de Golf del Cerro, como apoyo para ayudar a la actividad.
A cambio, exigía que la escuela de golf (CHiMont escuela oficial del club), tenga un crecimiento sostenido en el segundo año.
Ese acuerdo se concretó, pero en 2023 ChiMont cerró alegando problemas de financiamiento. Con su cierre, también se apagó el último esfuerzo estructurado por revivir el Club de Golf del Cerro.
El CGU quiso administrarlo, también el empresariado y el prejuicio ideológico se opuso
Hace unos años atrás el Club de Golf del Uruguay (CGU) presentó en conjunto con la Asociación Uruguaya de Golf un proyecto para que el CGU administre, mantenga y desarrolle el Club de Golf del Cerro y bajar el alto canon que paga mensualmente por el predio público situado en el barrio de Punta Carretas.
La Intendencia Municipal de Montevideo se negó completamente.
Desde entonces, la Intendencia se ha negado sistemáticamente a permitir el desarrollo privado del club.
Atrapada en una visión reduccionista que asocia al golf exclusivamente con una élite privilegiada, ha bloqueado proyectos viables, ignorando su enorme potencial como motor deportivo, social y turístico.
El sector privado podría impulsar en los barrios del Cerro, Casabó y periferias, el desarrollo local, un espacio de encuentro comunitario o sede de escuelas de golf para niños y jóvenes, además de otros deportes más populares como el fútbol, basketball, rugby, tenis, hockey, handball, etc.
La AUG y la “Puerta de entrada al golf”
La Asociación Uruguaya de Golf (AUG) ha mantenido un rol pasivo, o incluso perjudicial.
Millones de pesos, aportados por los golfistas de todo el país a través del hándicap nacional, fueron canalizados al Club de Golf del Cerro sin ninguna rendición de cuentas.
También hubo aportes de empresas privadas en el marco del proyecto “Puerta de Entrada al Golf”, cuyos fondos desaparecieron sin rastro aparente.
Además, dinero de los muchos torneos realizados para ayudar a la institución quedaron siempre con costos altos y liquidaciones livianas.
Golfistas que efectivamente entraron por ese sistema, migraron rápidamente a otros clubes.
No hay más margen para discursos
La conclusión es dolorosa pero inevitable: el Club de Golf del Cerro fue saqueado, manipulado y abandonado por quienes debían protegerlo.
Hoy, la única salida viable es una inversión privada seria, con reglas claras, beneficios fiscales, transparencia y un proyecto de largo plazo.
Todo lo demás será maquillaje sobre un cadáver institucional.
El Club de Golf del Cerro no necesita más promesas ni discursos vacíos.
Necesita justicia, memoria y transformación.
Y para que eso ocurra, primero hay que animarse a decir las cosas por su nombre.
Nota de interés
Varios niños sin clases debido al cierre de ChiMont – BUEN GOLF TOUR
Imagenes del Club de Golf del Cerro





